Lo que el cotorro dejó

 

En algún rincón de México se encontraba un pequeño y hermoso pueblo. Cada mañana, cuando sale el sol, escuchas cantar el gallo y ves la bandera ondeando con el viento, sale una hermosa dama a tocar el arpa bajo el árbol. Un joven músico le ha robado el corazón y todo el pueblo sabe de eso. La dama llevaba la corona de su corazón.  Una bonita noche al ver la luna y las estrellas llegar y el sonido de la campana escuchar, con una hermosa rosa, su mano pidió.

Era un músico muy talentoso, le gustaba tocar el violoncello, el tambor, el bandolón y la guitarra para su amada. Todos lo adoraban, pues decían que era “el valiente” del pueblo y quizás del mundo entero. Pero sólo eran los chismes del pueblo como la que decía que había sobrevivido la picadura de un alacrán o el haber sido atacado por un venado y un apache armado en jaras, que confirmaban eso.  El músico parecía que se había ganado la lotería por tenerlo todo.

Pocos se detenían a pensar en su hermano, “el negrito”, quien parecía que vivía dentro de un barril, como el Chavo del 8, y nadie lo recordaba. Los pocos que sí lo conocían como el borracho o el de la botella. Lo que él no sabía era que la muerte sí quería ser su amigo.

Por azares del destino, el músico se enteró que pronto su hermano sería sólo una calavera más. Sabía que la única manera de evitarlo era dando su vida por él. No era tan fácil, pero estaba dispuesto a invocar a la muerte o al diablito si era necesario.

Y así fue como al cantar del pájaro, cuando los pinos y palmas no se movían, el músico partió de esta vida. Dejando atrás lo que más quería y un cotorro que aún los haría recordar lo que él decía.

Autor: Paulina


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