En Un Pueblo Mexicano



En Un Pueblo Mexicano

El típico pueblo mexicano. La bandera flameando en el viento.  Por el día, el sol brillando en su esplendor, por la noche, la luna brillando con rigor y la estrella de Belén al lado de ella. Colorido, alegrando el corazón mientras el bello pájaro canta en el árbol de la pera más jugosa del alrededor. A lo lejos escuchamos el gallo cantar, en la casa con el alto pino verde. La rana se escucha croar en el lago cercano, en el lago El Apache, y como no puede faltar la leyenda del pueblo, en este lago se rumora de la sirena y la muerte de la misteriosa dama, el diablito siendo el causante de ella. Me dirijo al lago, donde veo la chalupa pasar y veo la bota negra flotar. Cuando llego al lago, veo el pescado y el camarón nadar tranquilamente y la garza blanca volar por encima. Decido sentarme a observar el bello paisaje frente a mí. Era mi primera vez visitando este pueblo, con tantas peculiaridades en él. Lo bonito de ser turista es que nunca sabes lo que cada parada tiene preparado para ti, tanto que conocer, pero muy poco tiempo para hacerlo. Pasa la araña por un lado de mí. Veo el alacrán salir debajo de una piedra en busca de su próxima victima a quien picar. A lo lejos, escucho la campana de la iglesia del pueblo, indicando la misa de medio día. Veo el cotorro volar por los altos cielos. De pronto, veo el venado pasar, dando un pequeño brinco por aquí, dando otro por allá. Tomó el gorrito y el paraguas que traía conmigo y me dirijo al centro del pueblo a ver que otras cosas me esperan por ver.

            Al pasar por la plaza principal, veo un bello rosal del cual florece la rosa más roja que he visto y escucho el agradable sonido de las hojas de la palma que se encuentra en el lugar. Llego a un pequeño puesto cerca de la plaza, y decido comprar el melon, la sandía, el nopal y la botella de tequila que el negrito me ofrece llevar. Compre la botella para probar el tequila y no para ser el borracho de la lotería. Llego a un puesto de artesanías de barro, y me gusto tanto el cantarito con flores pintadas que decido llevarlo. Además del cantarito, también llevo la maceta y el cazo que encontré en el mismo puesto. Continúo caminando por las calles cuando veo el valiente recargado en el barril, observando a todo al que va y viene.

Camine un poco más hasta que veo a un pequeño lugar de comida tradicional, llamado “Las Jaras” donde entra el catrín y el soldado. Decido entrar al lugar y busco una mesa, y al poco tiempo la mesera toma mi orden. El músico del lugar estaba a punto de comenzar, tenía el tambor, el bandolón, el violoncello y el arpa, solo faltaban los demás músicos que lo iban a acompañar. De pronto veo la escalera que lleva a otro piso, y decido subir a mirar que hay arriba. Cuando llegué arriba, me encontré con dos pinturas, una tenía la mano sosteniendo el mundo y otra la calavera con la corona.

            Cuando vuelvo al primer piso, en mi mesa ya estaba mi plato servido y la música ya había comenzado. Tomo asiento y empiezo a disfrutar mi deliciosa comida con la agradable música de fondo en esa bonita tarde en el pequeño pueblo mexicano. 

Autor: Francia Guzmán

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