Entre Historias
Era una noche oscura y lluviosa. El olor a tierra mojada se adentraba por la rendija de mi ventana. Estaba a punto de quedarme dormida cuando de pronto creí escuchar un extraño ruido. No pude percibir de dónde venía pero era un ruido no muy lejano de donde me encontraba. Era un ruido molesto pero a la vez aterrador. Con mucho miedo de saber que era, decidí levantarme y buscar de dónde venía. Al caminar por mi casa me di cuenta que el sonido era más fuerte, por lo que supuse que el ruido provenía de alguna habitación. Últimamente mis días habían sido algo aburridos, todos eran iguales y parecía que vivía el mismo día una y otra vez. Pero después de escuchar ese ruido tan extraño, todo cambió. Como vivía sola y el ruido no paraba, decidí seguir caminando hacia ese peculiar y fuerte sonido parecido al de hojas secas crujiendo. Cada vez lo escuchaba más y más fuerte hasta que llegué a su origen. ¡Venía del mi armario!
En la puerta de este había una extraña luz. Me armé de valentía y decidí abrir la puerta para descubrir qué causaba tan brillante luz y tan fastidioso ruido. Al abrir el armario, el ruido se detuvo y la luz desapareció. Hubiera deseado que fuera el armario de mi cuarto, pues todo dentro comenzó a volar sin control. Todos las páginas de mis libros empezaron a hojear rápidamente. Por más que luchara y me escondiera no pude evitar que uno de mis libros más pesados me derribara. Después del golpe que me dio el libro, sentí mi cuerpo caer en el suelo, y todo se volvió aún más oscuro de lo que ya estaba.
Cuando abrí los ojos ya estaba consciente, me encontraba en un lugar muy raro. Un lugar en el que jamás había estado antes, pero aún así me era tan familiar. Era un bosque, los árboles eran muy frondosos y altos, por lo cual el bosque era algo oscuro. Caminé un poco para apreciar mejor el lugar con la esperanza de recordarlo; cuando de pronto, al lado del camino que atravesaba el bosque, vi unas flechas tan singulares. No eran unas cuantas flechas, eran bastantes, y algunas de ellas decían “Por aquí”, “Arriba”, “Por aquí no”, “Fiesta de té”. No solo eran estas, había muchos más indicando otras rutas. Me parecían tan conocidas pero no las reconocía, en algún rincón de mis recuerdos, sabía que había visto estas peculiares flechas.
Seguí caminando por el bosque, apreciando muchas de sus peculiaridades. Todas me parecían familiares pero aún no sabía de donde, hasta que llegue a un lugar en específico. Un lugar tan característico. No me acerqué mucho a este lugar, pero de reojo vi una mesa muy larga, parecía una fiesta de té, ya que había teteras, tazas, azucareras, e incluso una gran variedad de postres. Lo más sorprendente de esto fue que había tres personajes que yo conocía tan bien: el Sombrerero, la Liebre de Marzo y Alicia. Exactamente: ¡Alicia! Después de todo recordé porque todo era tan familiar. Estaba en la novela de Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carrol.
Decidí seguir caminando para pasear por los otros lugares tan especiales de esta novela. Todo era tan raro pero a la vez fascinante. Seguí el camino del bosque cuando de pronto veo la Luna, en forma de la sonrisa tan peculiar que conocemos. Poco a poco apareció el Gato de Cheshire, cantando alegremente. De pronto, se dirigió a mí, me llamó, y me llamó por mi nombre. ¿Cómo sabía mi nombre? Merodeando por aquí, y merodeando por allá, el Gato me advirtió de unos de los peligros de mi estancia en este fantástico lugar, y me dijo algo así: “Tu estancia aquí, problemas graves traerá. Yo que tú busco la manera de salir antes de que alteres todo el curso de esta novela por un simple encuentro tuyo con cualquier personaje de aquí.” Tarareaba tan feliz el Gato, como si la alteración que haría en el cuento no fuera algo grave. ¡Claro que era algo grave! En mis manos estaba que esta novela siguiera su curso normal. Trate de preguntarle cómo podría escapar de aquí, pero cuando menos pensé, el Gato había desaparecido. Tenía que salir de ahí, lo más rápido posible, para evitar cualquier alteración y ser vista por algún personaje de esta novela tan clásica.
Traté de volver a donde había llegado primeramente después de abrir el armario, pero el esfuerzo fue en vano. Terminé perdida en el bosque. Caminé y caminé pero nunca llegué al lugar donde estaba primero. En vez de que las flechas que había visto anteriormente me ayudaran a regresar, me perdí más en el oscuro bosque. De pronto, vi una luz a lo lejos, corrí hacia ella. Cuando llegué, vi que era la puerta al jardín de la Reina, así que decidí entrar. El jardín estaba lleno de rosas, y tuve tanta suerte que no se encontraba nadie, ni los Naipes en el jardín. Traté de buscar una salida lo más rápido posible cuando de pronto escuché un golpe y todo se volvió oscuro de nuevo.
Poco después, dentro de mi inconsciencia, recordé levemente lo que sucedió antes de que todo se volviera oscuro. Recuerdo haber visto la sombra de una persona, pero como iba tan apurada, buscando una salida, no tome en cuenta que mientras yo hacía esto, la trama de la novela estaba desarrollándose de igual manera. Cuando voltee a ver la sombra de la persona, vi al personaje que debí evitar lo más posible. El golpe que escuché fue cuando Alicia y yo chocamos una contra otra. Pero después de eso, todo se volvió aún más oscuro de lo que estaba esa noche lluviosa en la que entre al armario.
Autores: Francia Guzmán y Paulina Díaz



Muy bien, no estoy segura de haber entendido del todo el final, pero está muy bien escrito y lleno de imaginación.
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